jueves, 5 de agosto de 2010

No seas pendejo!

Ósea bastante me estas dejando! Manolo iba a tomar cerveza rubia, pero Luchito le había recomendado tomar negra, salió la pateada. Un poco de rubia con malta encima que le daba ese amargo dulzón elocuente y rico. Habían hablado te Tarkus, Christian Van Lacke aquel cantante que se habría quedado a vivir en Lima acababa de cantar en la segunda Feria Concierto de rock bajo el brand de Mixtura. La idea biodiversidad musical venia a la cabeza el Manolo, era un retorno a dos años antes cuando integró parte del equipo que hizo Festimad, con Emir Kusturica como colofón. Pero ahora estaba en mitad de las patrióticas fiestas patrias y una escena plagada de sub escenas cada una más oscura que la otra. Aquella chica pink pero de fachas punk hablaba de sicodelia, estaba viviéndose en efecto eclipse de la movida madrileña en todo su resplandor. A las faldas del Alto Perú una fiesta de barrio, en la que el que cuidaba los carros comía un pollo “broster” de carretilla y con dos perros que con la cabeza gacha; esperaban a ver si algo caía. Dos chicos salieron de la fiesta y el que iba a ir de piloto hizo sonar su alarma y me dio china “al gordinflón” cuida carros. Uno de los perros empieza a ladrar a los chicos de la moto, y el gordinflón, dio la sorpresa de la noche, el perrito agresivo se llamaba de nombre peloso. La sorpresa iba por el lado de que uno esperaba que si era ladrador, nosé se llamase Tyson, o Rocky, dijo Manolo. Manolo y Luchito, habían quedado en encontrarse más tarde en el concierto de F. Pero sería que no. Manolo se encontraría más tarde con su pata el piloto, que había decidido volverse yuppie para pensar como hippie, una buena táctica pero que terminaría pagando caro el sentimiento de soledad. Luchito llamó a Manolo, y le dijo que se iba a acostar, pero había salido maltrecho de un embate con una fémina feroz y que había envejecido, que ya no estaba para esas cosas. Manolo en su soledad entendió que Lima se había transformado, segmentado mal. El único enchanche que a todos los unía era ese sentimiento de patriotismo confeso, y era evidente ve la ola de violencia que venía por terrorismo. Los hijos del terrorismo decía F en su discurso de concierto, eso estaba complicado de digerir. Pero si, era más que visible y abominable. Entonces me acorde de aquella frase de Extremoduro que dice, “Quisiera que mi voz fuera tan fuerte que a veces retumbaran las montañas y escucharais la mente social adormecida las palabras de amor de mi garganta”

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